viernes, 5 de agosto de 2016

Me gusta el olor a hierba en tu camisa
 tus insomnios mientras yo duermo.

Como eliges el largo de la falda perfecta, para bailotear delante de mi como una niña que siempre quiso ser una ninfa.

Te imagino caminando entre los tejados,  colocándote en la repisa más alta de la ciudad,

(Esa ciudad que hiciste tuya desde que llegaste)

Y ahí estás,
 mirando la Luna como si te la hubieran robado en otra vida
con esos ojos de gata que tienes.

Ojos que cada mañana me gritan que nos olvidemos de la rutina

y es que los desayunos
son mejor si son entre tus piernas.

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