Estoy harta de tu olor
en mi almohada
de verte desnuda en el balcón.
De ofrecerte caladas
en mi soledad.
Odio tu lunar en la nariz
y también el del labio
y no hablemos de tu pelo enmarañado
que me ataba cinco minutos más
a la cama, esa cama que tantas veces
ha entrado en guerra.
Una guerra que ahora sólo búsca la bandera blanca
de tu sábana.
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